Dormir no es cerrar los ojos: es darle permiso al cuerpo para parar

Mujer leyendo tranquilamente en la cama en un ambiente de calma y descanso

Dormir no es cerrar los ojos: es darle permiso al cuerpo para parar

Hay un momento del día en el que todo se apaga.
La casa se queda en silencio.
Las luces bajan.
Y, por fin, te metes en la cama.

Y aun así…
no descansas.

No es que no duermas.
Duermes.
Pero te despiertas con esa sensación extraña de no haber parado del todo.

Como si el cuerpo hubiese estado en pausa, pero la cabeza no.

Durante muchos años nos enseñaron que dormir era perder el tiempo.
Que había que aguantar.
Que ya descansaríamos cuando tocara.
Que “con dormir cinco horas voy bien”.

Y ahora, con los años, el cuerpo pasa factura.

No con grandes avisos.
Sino con pequeños mensajes diarios:
• Cansancio al levantarte
• Espalda rígida
• Cuello cargado
• Sensación de no haber desconectado
• Días que empiezan pesados

Dormir no es solo cerrar los ojos.
Dormir es sentirse seguro.
Es dejar de estar en alerta.
Es permitirle al cuerpo soltar el peso del día.

Y eso no siempre ocurre.

Muchas personas creen que el problema es la edad.
O el estrés.
O “lo que nos toca vivir”.

Pero no siempre es así.

A veces, el problema es que el cuerpo no encuentra dónde apoyarse.

Cuando el cuerpo no se siente bien sostenido:
• Cambia de postura constantemente
• Se tensa sin que te des cuenta
• Se despierta a medias
• Nunca entra del todo en descanso profundo

Y por la mañana, aunque hayas estado ocho horas en la cama,
te levantas cansado.

Hay noches en las que el descanso es tan bueno que no recuerdas ni cómo te dormiste.
Ni cuántas veces te moviste.
Ni si te despertaste.

Y al día siguiente:
• Te levantas más ligero
• La cabeza va más clara
• El cuerpo responde mejor

Ese descanso existe.
No es un mito.

El problema es que hemos normalizado dormir mal.
Hemos aprendido a convivir con el cansancio.
A pensar que es lo normal.

Y no lo es.

El descanso no debería doler.
No debería costar.
No debería dejar huella negativa.

Dormir bien no es un lujo.
Es una necesidad básica.

A veces, mejorar el descanso no empieza por cambiar horarios.
Ni por leer mil consejos.
Empieza por escuchar al cuerpo.

Por preguntarte:
• ¿Cómo me levanto cada mañana?
• ¿Desde cuándo me pasa esto?
• ¿Duermo o solo descanso a ratos?
• ¿Mi cuerpo se relaja… o se defiende?

En más de 60 años dedicados al descanso, hemos aprendido algo muy simple:
cada persona duerme de una manera distinta.

No hay fórmulas universales.
No hay soluciones mágicas.

Hay personas.

Con su peso.
Su historia.
Su forma de dormir.
Su vida.

Y cuando el descanso se adapta a la persona,
todo cambia.

No de golpe.
No de un día para otro.

Pero cambia.

Dormir bien no te arregla la vida.
Pero te da algo muy importante:

Energía para vivirla mejor.

Si últimamente sientes que duermes, pero no descansas,
no lo ignores.

El cuerpo siempre habla.
Solo hay que aprender a escucharlo.

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